VIAJE AL CONOCIMIENTO DE SÍ MISMO – 1

 

He leído con mucho interés un artículo reciente de Eugenio Scalfari en La República, (la fuerza del yo sobre el recorrido de Donald Trump y Mateo Renzi); en donde finalmente alguien ha necesitado anteponer un análisis sobre la situación política actual, una consideración sobre una relación estricta entre los dinamismos psíquicos personales y las selecciones problemáticas de política económica, social, estratégica.
 
Sin entrar en el mérito del artículo, saludo con alegría esta “novedad” que me confirma en mi propósito dialogar con vosotros sobre este enorme e importantísimo problema: el conocimiento de sí mismo y el correcto desarrollo de nuestra personalidad individual.
 
Pienso que cada hombre debería tener como prioritarios estos dos objetivos:

  1. Saber quién es,
  2. cómo desarrollar plenamente su propia persona.

 

Una tarea ciertamente difícil, a la cual han intentado dar una respuesta la filosofía, “las escuelas sapienciales” de cada pueblo, las religiones mistéricas y públicas y, a partir de la segunda mitad del ‘800, la psicología, la psicoanálisis y hoy las neurociencias.
 
¡Tranquilos!
 
No es mi intención suministraros una serie de informaciones culturales y problemáticas sobre estos argumentos.
Deseo solo ofreceros algunos estímulos, al interior de la visión cristiana del hombre, para empezar un viaje hacia el conocimiento de sí mismos, fundamento necesario para poder dialogar verdaderamente y encontrar a Dios y al prójimo.
 
Hoy os propongo esta primera y fundamental pregunta, presupuesto esencial para poder seguir leyendo con provecho estas páginas:
 
¿Queréis conoceros de verdad hasta el final?
 
¿Pensáis que merece la pena? Es más, ¿qué sea un compromiso prioritario?
 
 
Jesús un día a quién lo buscaba dijo: Pues ¿qué aprovecha al hombre, si gana todo el mundo, y se destruye o se pierde a sí mismo? (Lc 9, 25)
 
El primer paso pues será el de entender cuál es el bien más importante de nuestra existencia, lo que más nos interesa.
 
Porque es esto que determina y condiciona todas nuestras acciones.
 
El hombre se mueve sin embargo solo en vista del bien.
 
La búsqueda no es fácil porque podemos fácilmente engañarnos. .
 
Tenemos que distinguir el bien que nos gustaría fuera al primer puesto de lo que realmente ocupa.
 
En este viaje en nuestro mundo interior que nos preparamos a hacer juntos, no tengo un programa preestablecido y, entonces, estoy muy disponible a dialogar con vosotros los lectores, en el caso tengáis prioridades y preguntas particulares sobre estos argumentos, y a acoger vuestras solicitaciones.
 
Si tenéis dudas, preguntas, no dudéis a escribirme.
 
Fraile Giuseppe Paparone

 

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