VIAJE AL CONOCIMIENTO DE SÍ MISMO – 2

 

Hemos hablado de la importancia fundamental del conocimiento de sí mismo para nuestra vida y hemos afirmado que el conocimiento debería tener la prioridad sobre todo lo demás.
 
Por otra parte, ¿cómo podemos vivir bien si no sabemos quiénes somos verdaderamente y de qué realmente necesitamos?
 
Para los creyentes se añade, después, la necesidad de conocer y comprender de la manera mejor posible a sí mismos, para poder acoger la ayuda y la enseñanza que Dios quiere donar a través de su palabra y su gracia.
 
Me dirijo, entonces, a los que han decidido empezar un auténtico camino de conocimiento.
 
En efecto, esta decisión existential es el presupuesto y la condición imprescindible, y sin un ardiente y profundo deseo de conocerse no se podrán alcanzar resultados significativos.
 
Quizás es superfluo recordarlo, pero lo que debemos conocer es nuestra subjetividad concreta, nuestra individualidad personal.
 
De hecho, no estamos en el colegio y no estamos haciendo un curso de psicología.
 
 
¿DE DÓNDE PARTIR?
 
¿Cómo podemos empezar a conocernos?
 
Inspirándome a una enseñanza de Jesús, pienso que es necesario empezar desde el conocimiento de nuestros pensamientos.
 
En efecto, la conciencia de cuáles son nuestros habituales pensamientos es fundamental, porque:
 

  • Son ellos a determinar el mal o el bien que hay en nosotros;
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  • Es de ellos que depende nuestra paz o nuestra angustia.
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    Iniciamos, pues, este trabajo, haciéndonos ayudar por la meditación de un texto del evangelio, a partir del cual podréis luego empezar a examinar lo que sale de vuestro corazón y alimenta vuestros pensamientos.
     
    14(Luego Jesús) llamó a la gente y dijo: “Escuchadme todos y entended bien: 15 Nada de lo que entra de fuera puede hacer impuro al hombre. Lo que sale del corazón del hombre es lo que le hace impuro.” [16] 17 Nada de lo que entra de fuera puede hacer impuro al hombre. Lo que sale del corazón del hombre es lo que le hace impuro. 18 ¿Así que vosotros tampoco lo entendéis? ¿No comprendéis que ninguna cosa que entra de fuera puede hacer impuro al hombre? 19 Porque no entra en el corazón, sino en el vientre, y después sale del cuerpo. (Con esto quiso decir que todos los alimentos son puros). 20 , Y añadió: “Lo que sale del hombre, eso sí le hace impuro. 21 Porque de dentro, del corazón del hombre, salen los malos pensamientos, la inmoralidad sexual, los robos, los asesinatos, 22 los adulterios, la codicia, las maldades, el engaño, los vicios, la envidia, los chismes, el orgullo y la falta de juicio. 23 Todas estas cosas malas salen de dentro y hacen impuro al hombre.” (Mc 7,14-23)
     
    El último verso también se puede traducir en forma más útil:
    todas estas cosas hacen el hombre infeliz y descontento.
     
     
    ¿CÓMO AVANZAR?
     

  • Observad vuestros pensamientos durante una semana, a lo mejor dedicando a este trabajo quince minutos por noche, antes de dormiros.
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  • Revisad el día y anotad cuáles han sido los pensamientos recurrentes.
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  • Luego, al fin de semana, haced una síntesis.
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    Un consejo:seáis simples, inmediatos y valientes.
     
     
    ¡Qué trabajéis bien!
     
    Fray Giuseppe Paparone

     

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